Portero con cigarro

Por fin ya pasó la euforia del mundial así que puedo presentar este poema que tenía guardado. Sin miedo a que me tachen de aprovechado. Difícil hacer poemas sobre el fútbol, creéanme estuve buscando literatura al respecto y tardé en encontrara algo que valiera la pena. Esté poema es del inglés Simon Armitage, ganador de premios como el autor del año por el Sunday Times, el forward Prize, y en el 200 fue nombrado el poeta oficial del milenio del Reino Unido. Aqui una traducción de su Poema Portero con cigarro realizada por su servidor.

Es él en el campo,

jersey verde de algodón

príncipe de las sábanas blancas

un insecto erguido

atrapado entre dos palitos,

De pie con algo en su manga,

armado con una bolsa de tabaco

y papel para enrollar,

tal vez con una cajita de metal

con ocho o nueve ya enrollados.

Es él con uno tras la oreja,

entre sus labios,

o uno escondido y encendido

un estambre en el capullo de su puño.

Es él sentado, no como esos payasos,

haciendo acrobacias en la barra,

o lagartijas, o corriendo en su lugar,

ataviados en pijamas de cuello de tortuga

manos vendadas y enguantadas,

risibles, cual sártenes, con guantes de salchicha.

Mi hombre no, no es lo que mi hombre hace,

un hombre que apaga sus churros en el poste

y golpea los talones

en las marcas de tachones y colillas,

prendiendo el siguiente con el anterior,

con un respiro,

haciendo el paradón del año con sus piernas,

dando una larga fumada en la línea de gol

a la siguiente;

con una mano lanzando el balón,

o tomándolo de un tiro de esquina,

con la otra tirando la ceniza.

O en el frío helado mientras ambos equipos resoplando

como caballos azotados, capitanes y entrenadores

injuriando y maldiciendo a defensas y delanteros,

dando ordenes exhaustivas,

eso no es su aliento lo que sale de mi amigo, es humo.

Tampoco es él provocando al graderío,

mostrandole las nalgas a la barra visitante

esquivando las monedas afiladas,

haciéndose el ducho, buscando pelea, pero es aquel

pidiéndoles fuego a los de la ambulancia,

sacando aros de humo, ceros, halos

que se desvanecen, pasivamente, sobre los postes

en la cara de nadie, en la nariz de nadie.

Es lo que es, hace lo que le parece,

porque no tiene canción pretenciosa

que cantar, ningún bonito mensaje a la nación

sobre el tema del genio o la dedicación;

en su pasaporte, bajo ocupación,

nadie lo forzó a poner la palabra

custodio, y en la antología

de consejos útiles su entrada de cinco lineas dice:

“Jóvenes impostores, guardianes de la nada,

de cero, defensores de la dulce chingada,

piensen más que en su bolsillos, sus perfiles, su salud;

mucho mejor tener otra mirada,

tomen éste consejo y rómpanse la cara”.

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