La poesía contra la rutina

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Como platicaba ayer. He estado pensando mucho en la rutina. Todo a causa de un texto que apareció en Brain Pickings sobre la diferencia entre rutina y rito, que generó en mi toda una serie de consideraciones. Cuando pensamos en la rutina pensamos en esa cosa que acaba con las relaciones, es más es casi la antítesis del amor. La rutina hace infeliz a las personas, las vuelve grises y aburridas. Pero lo cierto es que hasta el más loco aventurero del universo tiene que lidiar con la rutina, para el explorador de la jungla, dormir bajo las estrellas cada noche sin saber qué va a hacer mañana es también una rutina. El truco está en volver de la rutina un ritual, lo ritual tiene algo de mágico y lo ritual nos acerca a los sagrado. También o al mismo tiempo, se trata de encontrar la belleza (que no lo bonito) o lo especial, en lo ordinario, en lo rutinario. La poesía tiene esta capacidad de convertir lo ordinario en extraordinario. Es la tarea del poeta parar donde los demás pasan de largo, para mostrarle a los demás, la hoja que se cae, el peinado de la mujer que pasa todos los días, invitarnos a oler el olor de la madera. Incluso para hacernos mirar la noticia de los miles de muertos que ya pasamos cien veces en Facebook y llorar por ellos. Esta es una de las las respuestas a esa viejísima pregunta ¿para qué sirve la poesía? Les recomiendo para este ejercicio por ejemplo Las odas elementales de Pablo Neruda. Ahí les dejo un enlace para que se lean unas.

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