Archivo de la categoría: En mi cabeza

Como malos padres

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1 nopoema de E. E. Cummings

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Hace unos días encontré este poema en Facebook atribuido a Cummings y me enamoré,  así que lo traduje; sin embargo, por alguna extraña razón, y porque tengo mucho de escéptico. Decidí antes de compartirlo (aquí, lamentablemente en mi Facebook si lo compartí) buscarlo en internet, para saber, si estaba completo, si tenía algún otro título o alguna información que me faltara. Pronto me di cuenta que el poema era un misterio, a muchas personas les gustaba, pero algunos afirmaban que no era un poema de Cummings. Qué era parte de una obra de teatro o de una serie de conferencias publicadas bajo el título “i six non lectures”. Alguien, incluso, en un foro afirmaba que tenía la grabación de la conferencia y que la cita no era así, que una parte le pertenecía a otro poeta.

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Seguí buscando y después de que un enlace me llevara a otro enlace y a toparme con muchos callejones sin salida pude descifrar la respuesta. Éste “poema” solo es un poema en su segunda parte. El primer verso “Damn everything but the circus!” es, en efecto, una cita de e.e. cummings tomada de una conferencia en la universidad de Harvard. La segunda parte, le pertenece a S. Helen Kelley. La confusión proviene de Corita Kent, una artista y diseñadora de Los Angeles, que publicó un libro con serigrafías de un alfabeto sobre el circo. Corita utilizaba muchas técnicas para su trabajo, entre ellas el collage y, por lo que deduzco (Pues no he podido encontrar una fotografía de buena calidad que me saque completamente de dudas, solo un catálogo de una de sus exposiciones), en la letra W titulada “What every woman knows” Corita unió la cita de Cummings, con el poema de Helen Kelley y creó así una pieza maravillosa. Como pasa regularmente, la pieza debió haberse ido transmitiendo como un juego de teléfono descompuesto, hasta que solo quedó este poema híbrido atribuido a Cummings. Por cierto, “Helen Kelley” parece haber sido una monja compañera de Corita quien además de artista era monja católica y educadora en varios colegios.

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Les comparto este poema, o quizá nopoema para aludir a las nonlectures de Cummings.

¡Al diablo todo menos el circo!
Al diablo todo lo que es gris, aburrido,
sin vida, sin riesgos, hacia adentro,
al diablo todo lo que no entre en el círculo,
que no disfrute.
Que no lance su corazón a la tensión,
a la sorpresa, al miedo y la delicia del circo,
el mundo redondo,
la existencia llena.

¡Una revista de poesía, por favor!

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Uno de mis mayores placeres es irme a un café a leer y a escribir, escribo a mano aún. Pero no siempre voy preparado, muy a menudo tengo que comprar un bolígrafo y muy a menudo no llevo nada que leer. Así que en esta posición estaba el otro día cuando pasé al Sanborns a comprar un bolígrafo y luego fui a las revistas, como la estúpida esperanza de encontrar algo de poesía. No, no hay, no existe. Desesperadamente pensé. –Necesito una revista de poesía. Una revista física que tenga distribución y que pueda comprar en el Sanborns, entre una pared llena de revistas hay treinta revistas de tecnología y once de viajes, y tres de culturismo, incluso hay una revista especializada en relojes. Seguro que hay espacio entre tanto anaquel para una revista de poesía, por que no me bastan los dos poemas que vienen en Letras Libres o en la tempestad. Pues llévate un libro, me dirán, pero como dije, no siempre voy preparado, a veces trato de leer poesía en el teléfono, pero es un fastidio, se acaba la pila y los e-books no han logrado descifrar cómo dar formato a los versos.
Me gustaba cuando vendían la desaparecida revista Lenguaraz, aunque eran textos de principiantes (los míos incluidos). Llegué también a ver la revista La Otra, pero eso fue solo alguna vez. Sería feliz por ejemplo si pudiera encontrar una revista como El poeta y su trabajo, que en su segundo ciclo de vida se comenzó a publicar en el 2000, aunque no estoy seguro de si se sigue publicando. Supongo que todas las revistas de relojes y culturismo forman parte de grupos editoriales con fuertes patrocinadores que no creen que la poesía pueda vender, pero yo creo que puede vender más que una revista de relojes. Por mientras, trataré de salir de mi casa más preparado.

La Gran Alegría – Pablo Neruda

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Ayer, mientras empezaban a salir los resultados de las votaciones decidí desconectarme de todo y ponerme a leer el Canto General de Neruda. No todo, pues, tiene doscientos treinta y un poemas, es el libro, según yo, más político de Neruda y me pareció muy as hoc leerlo a razón de los que estaba pasando y compartirles un poema. Iba a escoger algo más de protesta, como “Los Enemigos”, y luego pensé escoger el poema que le dedica a México; pero no viene mucho al caso y no es de mis favoritos. Así que elegí este que habla de la poesía y de la lucha y de la gente sencilla que era la que le gustaba a Neruda. Por cierto esa de allá arriba, es una primera edición que ya les había presumido hace tiempo y que me encanta.

LA GRAN ALEGRÍA

LA sombra que indagué ya no me pertenece.
Yo tengo la alegría duradera del mástil,
la herencia de los bosques, el viento del camino
y un día decidido bajo la luz terrestre.

No escribo para que otros libros me aprisionen
ni para encarnizados aprendices de lirio,
sino para sencillos habitantes que piden
agua y luna, elementos del orden inmutable,
escuelas, pan y vino, guitarras y herramientas.

Escribo para el pueblo, aunque no pueda
leer mi poesía con sus ojos rurales.
Vendrá el instante en que una línea, el aire
que removió mi vida, llegará a sus orejas,
y entonces el labriego levantará los ojos,
el minero sonreirá rompiendo piedras,
el palanquero se limpiará la frente,
el pescador verá mejor el brillo
de un pez que palpitando le quemará las manos,
el mecánico, limpio, recién lavado, lleno
de aroma de jabón mirará mis poemas,
y ellos dirán tal vez: “Fue un camarada”.

Eso es bastante, ésa es la corona que quiero.

Quiero que a la salida de fábricas y minas
esté mi poesía adherida a la tierra,
al aire, a la victoria del hombre maltratado.
Quiero que un joven halle en la dureza
que construí, con lentitud y con metales,
como una caja, abriéndola, cara a cara, la vida,
y hundiendo el alma toque las ráfagas que hicieron
mi alegría, en la altura tempestuosa.

Pensamiento y Poesía

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Creo que hay algo en lo que muchos poetas se equivocan, la exactitud no está en el significado de las palabras, sino en lo que evocan. Por eso es que muchos poetas no dicen nada, no porque no pretendan decir nada, o porque no tengan nada que decir, sino porque no se preocupan por este asunto básico. En su conferencia Pensamiento y poesía le decía Borges a unos estudiantes de Harvard:

“la lengua no es, como el diccionario nos sugiere, un invento de académicos y filólogos. Antes bien ha sido desarrollada a través del tiempo, a través de mucho tiempo, por campesinos, pescadores, cazadores y caballeros. No surge de las bibliotecas, sino de los campos, del mar, de los ríos, de la noche, del alba. “

Y un poco después:

“Así, en la lengua tenemos el hecho (y es algo que me parece obvio) de que las palabras son, originariamente, mágicas. Hubo quizá un momento en el que la palabra parecía resplandecer y la palabra era oscura. En el caso de «noche», podemos conjeturar que en el principio significaba la noche misma: su oscuridad, sus amenazas, las estrellas radiantes.”

Les recomiendo todo ese libro de Arte-Poética que todos los poetas harán bien en recordar.

Gracias a mi madre por las clases de piano

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Un poema para el día de las madres. La traducción es mía, hace tiempo publiqué un fragmento aquí, pero esta es la versión completa que apareció en Círculo de Poesía.

Gracias a mi madre por las clases de piano

El alivio al poner los dedos sobre las teclas

como si caminando en la playa

encontraras un diamante

tan grande como un zapato;

como si

acabaras de construir una mesa de madera

y el olor del aserrín estuviera en el aire,

tus manos secas y ásperas;

como si

hubieras eludido

al hombre en la oscuridad que te ha estado siguiendo

todo la semana;

el alivio

de poner tus dedos en el teclado

tocando los acordes de

Beethoven

Bach,

Chopin

una tarde en que no tenía con quien hablar,

en que los suaves suéteres con forma de anuncios de revista

y el cabello de clase media, republicano, limpio y brillante

entraba a las casas alfombradas

y me dejaba sola

con los pisos desnudos y unos pocos libros

Quiero agradecerle a mi madre

por trabajar a diario

en una oficina gris

en garajes y compañías de agua

le quitaba la crema a su café a los 40

para perder peso. Su pesado cuerpo

escribía sus delicados libros de bibliotecaria

sola, sin un hombre que mirara su rostro

su cuerpo, su prematuro cabello blanco

enamorado

Quiero agradecerle a mi madre

por trabajar y pagar siempre

mis clases de piano

antes de pagar el préstamo al Banco de América

o comprar la despensa

o arreglar nuestro viejo y ruidoso Ford.

Yo era una niña tranquila

con miedo de entrar sola a una tienda

con miedo al agua

al sol

a las hierbas sucias en los traspatios

con miedo al mal aliento de mi madre

y con miedo a las visitas ocasionales de mi padre

al saber que volvería a marcharse

con miedo a no tener dinero

con miedo a mi torpe cuerpo

que sabia

nadie amaría jamás

Pero atravesé tocando

en el viejo piano vertical

que obtuvimos por $10,

toqué a través del miedo

a través de la fealdad,

de crecer en un mundo de comprar en tiendas de baratijas,

y un deseo de amar

un mundo sin amor.

Toqué a través de una cara fea

y de tardes, días, veladas y noches solitarias,

incluso mañanas, vacía

como una lata de café oxidada,

toqué a través del susurro de la primavera

y quise que todo a mi alrededor brillara como una ola angosta

en una playa lisa al atardecer en el sur de California,

Toqué a través de

un sombrero vacío de mi padre en el closet de mi madre

y una cama en la que dormía sólo de un lado,

sin arrugar nunca una pulgada

del otro

esperando

esperando.

Toqué a través de los honores escolares

el único lugar en que podía

hablar

el salón de clases,

o en mis clases de piano, el canario de la señora Hillhouse siempre

cantaba más por mi talento,

como si hubiera dejado una parte de mi cuerpo al entrar

a su casa

y buscara ahora cada pieza de marfil

en el teclado, deslizaba mis dedos en crestas negras

y por suaves rocas

me preguntaba dónde perdí mis órganos,

o mi boca que a veces se abría

como una amapola de California,

ancha y con contrastes,

hermosa en grandes campos,

cerrada por completo día y noche,

Toqué a través de cada edad,

pero todas parecían eternas

o tal vez siempre

viejas y solitarias,

solo quería una cosa, rodeada por las polvosas hojas

con olor amargo de los naranjos,

solo quería ser tocada por el hombre que me amara,

que estuviera ahí cada noche

para poner su larga y fuerte mano en mi hombro,

cuyas caderas despertarían junto a mí en la mañana,

cuyo bigote pudiera acariciar un rostro hasta dormir,

soñando con pianos que hicieran el sonido de Mozart

y Schubert sin pedir

que la vida absorbiera todo

lo que tienes a diario,

sin pedir el vacío

de una pequeña vida tímida.

Quiero agradecer a mi madre

por dejarme a veces despertarla a las 6 de la mañana

cuando practicaba mis clases

y por asegurarse de que tuviera un piano

en donde dejar mis libros de la escuela, todas las tardes.

No he tocado el piano en 10 años,

tal vez por miedo a que el poco amor que he logrado recoger

como polvo, del fondo de los bolsillos

se pierda,

se escape,

hacia la caverna terriblementevacía que soy

si la vuelvo a abrir por completo, alguna vez.

El amor es un hombre

con bigote

que me abraza dulcemente cada noche.

que siempre está ahí cuando necesito tocarlo;

no podría conocer el doloroso

estruendo de la música del pasado

quesu amor evita que golpee, que sacuda,

que retumbe en mi cerebro

que hace todo lo posible para destrozar la precaria materia gris

cuando estoy sola;

él no escucha al canario de la señorita Hillhouse cantar para mi,

cómo le gusta el sonido de mi clase esta semana,

decirme,

confirmarme lo que dice mi maestra,

que tengo un talento para el piano

que pocos de sus alumnos tenían.

Cuando toco al hombre

que amo

quiero agradecerle a mi madre

por las clases de piano

durante todos esos años,

que mantienen el recuerdo de Beethoven,

un atormentado hombre sordo,

en mi mente;

de la belleza que puede venir

incluso de un horrible

pasado.

¿Mi Verso está vivo?

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Mientras medito desde la cama, con mi perro Keita acostado encima mi, el porqué no me ha llegado la fama, recuerdo el poema de Emily Dickinson Fame is a Fickle Food, es curioso que la “Dama de Blanco” reflexionara sobre la fama cuando no le interesaba nada. Solo publicó 7 poemas en vida, unos cuantos 3 o 4 tal vez sin su autorización. Los otros, a su petición, sin su firma. Dejaba que muy poca gente leyera sus poemas y por pocas. Quizá unas dejó que 5 personas leyeran sus poemas directamente; sin embargo le interesaba una cosa: en una ocasión le mando sus poemas al crítico literario Thomas Wentwoth Higginson diciéndole “¿Sr. Higginson, estará demasiado ocupado para decirme si mi Verso está vivo?”. Sigue leyendo

La poesía contra la rutina

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Como platicaba ayer. He estado pensando mucho en la rutina. Todo a causa de un texto que apareció en Brain Pickings sobre la diferencia entre rutina y rito, que generó en mi toda una serie de consideraciones. Cuando pensamos en la rutina pensamos en esa cosa que acaba con las relaciones, es más es casi la antítesis del amor. La rutina hace infeliz a las personas, las vuelve grises y aburridas. Pero lo cierto es que hasta el más loco aventurero del universo tiene que lidiar con la rutina, para el explorador de la jungla, dormir bajo las estrellas cada noche sin saber qué va a hacer mañana es también una rutina. El truco está en volver de la rutina un ritual, lo ritual tiene algo de mágico y lo ritual nos acerca a los sagrado. También o al mismo tiempo, se trata de encontrar la belleza (que no lo bonito) o lo especial, en lo ordinario, en lo rutinario. La poesía tiene esta capacidad de convertir lo ordinario en extraordinario. Es la tarea del poeta parar donde los demás pasan de largo, para mostrarle a los demás, la hoja que se cae, el peinado de la mujer que pasa todos los días, invitarnos a oler el olor de la madera. Incluso para hacernos mirar la noticia de los miles de muertos que ya pasamos cien veces en Facebook y llorar por ellos. Esta es una de las las respuestas a esa viejísima pregunta ¿para qué sirve la poesía? Les recomiendo para este ejercicio por ejemplo Las odas elementales de Pablo Neruda. Ahí les dejo un enlace para que se lean unas.

Etimología

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He estado pensando mucho en la rutina esta semana. La palabra rutina puede rastrearse hasta la palabra latina rupta, que significa rota.

Regalos

Traídos desde Argentina como un regalo les presumo estos dos libros de Neruda. 2000 sobre todo, me causó gran impacto, publicado en 1974, de manera póstuma, es un Neruda que mira hacia el futuro, un año 2000 que debió parecerle tan lejano, en ocasiones casi ciencia ficción, a veces desolador al final, finalmente Neruda, esperanzador. Profético, como cualquiera que hable del futuro con metáforas.