Archivo de la categoría: Poetas

Recomendación: Ser Azar

El jueves pasado se presentó en el Centro Xavier Villaurrutia el nuevo libro de poesía de mi querida Julia Santibañez, Ser azar. De regreso a mi casa con 2 mezcales encima, leí un poema, dos, y cuando me di cuenta ya lo había leído completito y quería hacerlo de nuevo. Ser Azar está divido en tres partes: Vida, Amor y Muerte. Elegir estos tres temas para formar un libro y dividirlo de esta manera es como echarse a los leones sin espada. Un acto de absoluta valentía, honestidad o ingenuidad, y cualquiera que conozca a Julia sabe que de lo tercero no se le puede acusar. Ser Azar sale victorioso en este acto de audacia a base de honestidad, que es uno de las mayores virtudes de un poeta, de imágenes precisas, y de humor. Ser azar es un libro igual de generoso que su autora.

Naturalmente mi parte favorita fue la segunda, dedicada al amor; sin embargo en tantos de los poemas encontré lo que tantas veces he querido decir y no he podido ante, precisamente, el amor, la vida y la muerte. Pero ya he dicho más de lo que pretendía, porque nada los convencerá tanto como un poema suyo, dificil de elegir solo uno, así que les dejo este poema de amor sensual, y les recomiendo mucho que lo busquen ya en las librerías.

 

Amado Nervo

Porque ayer fue su cumple

IMG_5563.JPG

Abigaíl

“Otra vez” dijo mi papá, presionando botones
en la cámara que acababa de comprar
y me besaste en la mejilla de nuevo.

Después, en el auto, me iba a preguntar
si éramos novios, le dije que sí.
No recuerdo si alguien estaba orgulloso.

¿Qué quería guardar mi papá de ese momento?
“Otra vez” dijo, aún
sin entender cómo funcionaba la cámara

o cómo funcionaba yo, una fotografía de él
pero tan extraño como una cámara nueva.
A la tercera, a la cuarta vez, por fin logró la foto.

No sé dónde quedó
no la he vuelto a ver, igual que a ti
desde ese día.

Ayer pensaba “Gracias, papá” no sé
qué trataba de guardar, pero yo guardé
cuatro, cinco besos de despedida.

Keats y Joyce

IMG_5004.JPG

El domingo pasado se cumplieron 150 años del nacimiento de W.B. Yeats. Hoy se celebra como cada 16 de junio en Irlanda el Bloomsday, para celebrar el Ulises de Joyce. Esos Irlandeses si que se la saben. Para celebrarlos a los dos les dejo dos poemas. El primero de Yeats y el segundo de Joyce.

Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad!…

¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad!
Piadoso amor que no nos hace sufrir sin fin,
amor de un solo pensamiento, que no divagas,
que eres puro, sin máscaras, sin una mancha.
Permíteme tenerte entero… ¡Sé todo, todo mío!
Esa forma, esa gracia, ese pequeño placer
del amor que es tu beso… esas manos, esos ojos divinos
ese tibio pecho, blanco, luciente, placentero,
incluso tú misma, tu alma por piedad dámelo todo,
no retengas un átomo de un átomo o me muero,
o si sigo viviendo, sólo tu esclavo despreciable,
¡olvida, en la niebla de la aflicción inútil,
los propósitos de la vida, el gusto de mi mente
perdiéndose en la insensibilidad, y mi ambición ciega!

Este corazón que late junto a mi corazón…

Este corazón que late junto a mi corazón
Es mi esperanza y toda mi fortuna,
Desdichado cuando nos separarnos
Y feliz entre beso y beso;
Mi esperanza y toda mi fortuna -¡si!-
Y toda mi ventura.

Pues allí, al igual que en nidos musgosos
Los reyezuelos amontonan múltiples tesoros,
Deposité los caudales que yo tenia
Antes de que mis ojos hubieran aprendido a llorar.
¿No seremos de su misma sensatez
Aunque el amor no viva sino un día?

Traducción de José Antonio Álvarez Amorós

Gracias a mi madre por las clases de piano

IMG_0581.JPG

Un poema para el día de las madres. La traducción es mía, hace tiempo publiqué un fragmento aquí, pero esta es la versión completa que apareció en Círculo de Poesía.

Gracias a mi madre por las clases de piano

El alivio al poner los dedos sobre las teclas

como si caminando en la playa

encontraras un diamante

tan grande como un zapato;

como si

acabaras de construir una mesa de madera

y el olor del aserrín estuviera en el aire,

tus manos secas y ásperas;

como si

hubieras eludido

al hombre en la oscuridad que te ha estado siguiendo

todo la semana;

el alivio

de poner tus dedos en el teclado

tocando los acordes de

Beethoven

Bach,

Chopin

una tarde en que no tenía con quien hablar,

en que los suaves suéteres con forma de anuncios de revista

y el cabello de clase media, republicano, limpio y brillante

entraba a las casas alfombradas

y me dejaba sola

con los pisos desnudos y unos pocos libros

Quiero agradecerle a mi madre

por trabajar a diario

en una oficina gris

en garajes y compañías de agua

le quitaba la crema a su café a los 40

para perder peso. Su pesado cuerpo

escribía sus delicados libros de bibliotecaria

sola, sin un hombre que mirara su rostro

su cuerpo, su prematuro cabello blanco

enamorado

Quiero agradecerle a mi madre

por trabajar y pagar siempre

mis clases de piano

antes de pagar el préstamo al Banco de América

o comprar la despensa

o arreglar nuestro viejo y ruidoso Ford.

Yo era una niña tranquila

con miedo de entrar sola a una tienda

con miedo al agua

al sol

a las hierbas sucias en los traspatios

con miedo al mal aliento de mi madre

y con miedo a las visitas ocasionales de mi padre

al saber que volvería a marcharse

con miedo a no tener dinero

con miedo a mi torpe cuerpo

que sabia

nadie amaría jamás

Pero atravesé tocando

en el viejo piano vertical

que obtuvimos por $10,

toqué a través del miedo

a través de la fealdad,

de crecer en un mundo de comprar en tiendas de baratijas,

y un deseo de amar

un mundo sin amor.

Toqué a través de una cara fea

y de tardes, días, veladas y noches solitarias,

incluso mañanas, vacía

como una lata de café oxidada,

toqué a través del susurro de la primavera

y quise que todo a mi alrededor brillara como una ola angosta

en una playa lisa al atardecer en el sur de California,

Toqué a través de

un sombrero vacío de mi padre en el closet de mi madre

y una cama en la que dormía sólo de un lado,

sin arrugar nunca una pulgada

del otro

esperando

esperando.

Toqué a través de los honores escolares

el único lugar en que podía

hablar

el salón de clases,

o en mis clases de piano, el canario de la señora Hillhouse siempre

cantaba más por mi talento,

como si hubiera dejado una parte de mi cuerpo al entrar

a su casa

y buscara ahora cada pieza de marfil

en el teclado, deslizaba mis dedos en crestas negras

y por suaves rocas

me preguntaba dónde perdí mis órganos,

o mi boca que a veces se abría

como una amapola de California,

ancha y con contrastes,

hermosa en grandes campos,

cerrada por completo día y noche,

Toqué a través de cada edad,

pero todas parecían eternas

o tal vez siempre

viejas y solitarias,

solo quería una cosa, rodeada por las polvosas hojas

con olor amargo de los naranjos,

solo quería ser tocada por el hombre que me amara,

que estuviera ahí cada noche

para poner su larga y fuerte mano en mi hombro,

cuyas caderas despertarían junto a mí en la mañana,

cuyo bigote pudiera acariciar un rostro hasta dormir,

soñando con pianos que hicieran el sonido de Mozart

y Schubert sin pedir

que la vida absorbiera todo

lo que tienes a diario,

sin pedir el vacío

de una pequeña vida tímida.

Quiero agradecer a mi madre

por dejarme a veces despertarla a las 6 de la mañana

cuando practicaba mis clases

y por asegurarse de que tuviera un piano

en donde dejar mis libros de la escuela, todas las tardes.

No he tocado el piano en 10 años,

tal vez por miedo a que el poco amor que he logrado recoger

como polvo, del fondo de los bolsillos

se pierda,

se escape,

hacia la caverna terriblementevacía que soy

si la vuelvo a abrir por completo, alguna vez.

El amor es un hombre

con bigote

que me abraza dulcemente cada noche.

que siempre está ahí cuando necesito tocarlo;

no podría conocer el doloroso

estruendo de la música del pasado

quesu amor evita que golpee, que sacuda,

que retumbe en mi cerebro

que hace todo lo posible para destrozar la precaria materia gris

cuando estoy sola;

él no escucha al canario de la señorita Hillhouse cantar para mi,

cómo le gusta el sonido de mi clase esta semana,

decirme,

confirmarme lo que dice mi maestra,

que tengo un talento para el piano

que pocos de sus alumnos tenían.

Cuando toco al hombre

que amo

quiero agradecerle a mi madre

por las clases de piano

durante todos esos años,

que mantienen el recuerdo de Beethoven,

un atormentado hombre sordo,

en mi mente;

de la belleza que puede venir

incluso de un horrible

pasado.

Un poema de sergio Loo

Navegando los rincones oscuros del internet, encontré este poema de Sergio Loo leído en el 25 aniversario del Fonca. Es una belleza. Si le pican play los pone directo donde empieza el poema.

Regalos

Traídos desde Argentina como un regalo les presumo estos dos libros de Neruda. 2000 sobre todo, me causó gran impacto, publicado en 1974, de manera póstuma, es un Neruda que mira hacia el futuro, un año 2000 que debió parecerle tan lejano, en ocasiones casi ciencia ficción, a veces desolador al final, finalmente Neruda, esperanzador. Profético, como cualquiera que hable del futuro con metáforas.