Pequeño Padre

Trato de recordar y celebrar a mi papá hoy, me encuentro este poema de Li-Young Lee. Nacido en Indonesia, llegó a los Estados Unidos cuando exiliaron a su padre quien fuera el médico de Mao Tse-tsung. Este poema es para todos aquellos que han perdido a su padre, pero aun lo llevan consigo, la traducción es mía.

 

Pequeño padre

 

Enterré a mi padre

en el cielo.

Desde entonces, los pajaros

lo lavan y lo peinan cada mañana

y le suben la sábana hasta su barbilla

cada noche.

 

Enterré a mi padre bajo tierra.

Desde entonces, mis escaleras

solo bajan,

y toda la tierra se ha vuelto una casa

donde las habitaciones son las horas, y cuyas puertas

se abren cada noche, para recibir

huésped tras huésped.

A veces veo tras de ellos

las mesas puestas para un banquete de bodas.

 

Enterré a mi padre en mi corazón.

Ahora crece en mí, mi hijo extraño,

mi pequeña raíz que no quiere beber leche,

piecito pálido hundido en la noche inaudible,

pequeño resorte de reloj recién mojado

en el fuego, pequeña uva, padre del vino

futuro, un hijo el fruto de su propio hijo,

pequeño padre que secuestro con mi vida.

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Ojos inusitados de sulfato de cobre

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Hoy se cumplen 128 años del natalicio de Ramón Lopez Velarde, famosísimo por aquel poema patriotico “La Suave Patria”. Lo primero que me viene a la mente al pensar en Velarde es su poema,  “Y Pensar que pudimos” que es mi favorito suyo y que ya compartí aquí una vez, lo segundo es un verso que me hizo notar la poeta Rocío Gonzalez cuando tuve la suerte de que fuera mi maesta. El verso es ese del título, ojos inusitados de sulfato de cobre, de su poema “No me condenes”, que comparto aquí abajo para que los disfruten. El poema es por demás interesante,  empieza como un sencillísimo poema rural, casi parecen un romance, pero está escrito con una rima y un metro inconstante. La cuarta estrofa es rarísima, tiene solo tres versos, tres esdrújulas que llaman la atención. Por esto no quiero decir nada más que compartir mi sorpresa. Al reeler y leer este poema, que me da un gusto enorme.

 

 

 

Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre:
ojos inusitados de sulfato de cobre.
Llamábase María; vivía en un suburbio,
y no hubo entre nosotros ni sombra ni disturbio.
Acabamos de golpe: su domicilio estaba
contiguo a la estación de los ferrocarriles,
y ¿qué noviazgo puede ser duradero entre
campanadas centrífugas y silbatos febriles?

El reloj de su sala desgajaba las ocho;
era diciembre, y yo departía con ella
bajo la limpidez glacial de cada estrella.
El gendarme, remiso a mi intriga inocente,
hubo de ser, al fin, forzoso confidente.

María se mostraba incrédula y tristona:
yo no tenía traza de una buena persona.
¿Olvidarás acaso, corazón forastero,
el acierto nativo de aquella señorita
que oía y desoía tu pregón embustero?

Su desconfiar ingénito era ratificado
por los perros noctívagos, en cuya algarabía
reforzábase el duro presagio de María.

¡Perdón, María! Novia triste, no me condenes;
cuando oscile el quinqué y se abatan las ocho,
cuando el sillón te mezca, cuando ululen los trenes,
cuando trabes los dedos por detrás de tu nuca,
no me juzgues más pérfido que uno de los silbatos
que turban tu faena y tus recatos.

Diciembre de 1916

 

VIOLENCIA

Es muy difícil escribir sobre la violencia en nuestro país, es decir, tratar de sublimar los sentimientos de horror, ira y desesperanza que nos genera  o de crear una especie de arte de conciencia social. Al menos yo, me siento como un farsante en la mayoría de los casos, escribiendo un poema sobre la tragedia desde la comodidad de mi escritorio y sin importar lo que haya o no sufrido. De todas formas a veces lo intento, generalmente con malos resultados, pero hace unas semanas escribí un poema, que al menos me parece absolutamente honesto, que es una cualidad que me importa mucho en la creación, poco después supe que la revista Monolito celebraba su cuarto aniversario con un número dedicado a la Violencia y el Miedo, mi poema entraba perfecto ahí, y tuve la suerte de que ellos pensaran lo mismo. El número acaba de salir, y les recomiendo mucho que lo lean. Tiene textos muy valiosos y eso es lo que me emociona más, que mi poema está en medio de trabajos de gran calidad. Mi único pero, que no pensé, es que mi poema se basa principalmente en la sorpresa, la cual pierde casi por completo al estar pre contextualizado. Aún así, me gusta. Les dejo debajo el enlace, mi poema está en la página 108

 

Todos los amantes son poetas

“Los gestos de Chloe eran como la puntas de un iceberg, un indicio de lo que se hallaba sumergido. ¿Acaso no era necesario un amante para distinguir su verdadero valor? ¿Un valor que naturalmente carecería de sentido para alguien menos curioso, menos enamorado?”

Este es un fragmento de Essays on Love, una novela del filósofo Alain de Botton. Con respecto a los gestos, el narrador se refiere a los movimientos de Chloe al pasar los artículos por la caja del supermercado, que a él le parecen adorables. En este capítulo el narrador está confundido sobre por qué está enamorado de su amada, y le parece una locura que el amante no logre aceptar la normalidad de los actos del amado. Lo que a mi me pone a pensar es que en el acto de amar el amante se vuelve un poeta. No por cursi, ni romántico, ni porque tenga la capacidad de ponerle palabras a sus sensaciones. Más bien porque el amante logra encontrar un significado oculto y extraordinario a los gestos más normales, y a las acciones más triviales. El enamorado encuentra la belleza, por ejemplo, en como su amado come una manzana, se echa el cabello hacia atrás o como le cuesta trabajo pronunciar cierta palabra. Ese encontrarle significado a un detalle que para el resto del mundo estaba velado es una parte esencial de la poesía. Y que los poetas buscan constantemente para escribir un poema, eso, los enamorados lo están haciendo todo el tiempo.

Traducción y Creación

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Hace unas horas de forma por demás azarosa, (buscaba información sobre el comic FIGHT CLUB 2), me encontré esta joya. Estas son las razones por las que los maestros dicen que el internet es una gran herramienta de conocimiento. Es un número de la REvista República de las Letras de la Asociación Colegial de Escritores, que se mantuvo viva si no me equivoco hasta el año 2013, sin embargo este número es del 1990  y está dedicada a la traducción, con un texto genial de Alfonso Reyes y unos poemas de T.S. Elliot traducidos por Juan Ramón Jiménez. Si les interesa la traducción literaria tienen que leerlo. Pueden dar clic en la imagen para acceder a la revista o al enlace que aparece abajo.

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Me aferro al recuerdo del beso

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La popularidad de Benedetti

Siempre he guardado un lugar especial para los poetas populares, pero Mario Benedetti es un caso aparte. La popularidad de Benedetti es tanta que uno no puede mencionar siquiera su nombre sin haber perdido en el acto 4 puntos de apareciencia intelectual, y 8 de factor “cool”. Uno puede darse incluso el lujo de bailar La Onda Vaselina en las fiestas, pero no quiera dios que vayan a encontrar a uno pobre escritor recitando un verso de Benedetti porque no lo volverán jamás a invitar a una fiesta de la crema del mundo literario. Sin embargo hasta el más snob se sabrá ese al menos un verso de Benedetti, si no es que un libro completo. Más de uno habra caído bajo su embrujo de adolescente y otros tanto incluso lo habrán copiado aunque sea con el pretexto de conquistar a la chico o chica que les movía el tapete en la preparatoria. Así que deberíamos ser menos duros tal vez con el viejito bigotón. Hoy que se cumplen siete años de su muerte ya no sorprendemos a nadie con una opinión de su poesía. Todos sabemos bien lo que escribió y de qué pie cojeaba, hasta el mismo lo sabía.

 

Los Monstruos

Qué vergüenza
carezco de monstruos interiores
no fumo en pipa frente al horizonte
en todo caso creo que mis huesos
son importantes para mí y mi sombra
los sábados de noche me lleno de coraje
mi nariz que vergüenza no es como la de Goethe
no puedo arrepentirme de mi melancolía
y olvido casi siempre que el suicidio es gratuito
qué vergüenza me encantan las mujeres
sobre todo si son consecuentes y flacas
y no confunden sed con paroxismo
qué vergüenza dios mío no me gusta Ionesco
sin embargo estoy falto de monstruos interiores
quisiera prometer como dios manda
y vacilar como la gente en prosa
qué vergüenza en las tardes qué vergüenza
en las tardes más oscuras de invierno
me gusta acomodarme en la ventana
ver cómo la llovizna corre a mis acreedores
y ponerme a esperar o quizás a esperarte
tal como si la muerte fuera una falsa alarma.