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Pastel de coco de Emily Dickinson


Desde hace mucho que tenía ganas de hacer esta receta, que leí por primera vez en terrario y por fin este sábado pasado la hice. Como no tenía suficiente coco, partí la receta e hice mantecadas en vez del pastel entero. Quedó mejor de lo que esperaba y mientras me comía uno me leí unos poemas de Dickinson también.

 

Poema 128

Dame el ocaso en una copa,
enumérame los frascos de la mañana
y dime cuánto hay de rocío,
dime cuán lejos la mañana salta-
dime a qué hora duerme el tejedor
que tejió el espacio azul.

Escríbeme cuántas notas habrá
en el nuevo éxtasis del tordo
entre asombradas ramas-
cuántos caminos recorre la tortuga-
cuántas copas la abeja comparte,
disoluta del rocío.

También, ¿quién puso la base del arco iris,
también, quién guía las esferas dóciles
por juncos de azul flexible?
¿Qué dedos atan las estalactitas-
quién cuenta la plata de la noche
para saber si nadie está en deuda?

¿Quién edificó esta casita albana
y cerró herméticamente las ventanas
que mi espíritu no puede ver?
¿Quién me dejará salir un día de gala
con implementos de vuelo,
fugaz pomposidad?

Versión de Silvina Ocampo

¿Mi Verso está vivo?

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Mientras medito desde la cama, con mi perro Keita acostado encima mi, el porqué no me ha llegado la fama, recuerdo el poema de Emily Dickinson Fame is a Fickle Food, es curioso que la “Dama de Blanco” reflexionara sobre la fama cuando no le interesaba nada. Solo publicó 7 poemas en vida, unos cuantos 3 o 4 tal vez sin su autorización. Los otros, a su petición, sin su firma. Dejaba que muy poca gente leyera sus poemas y por pocas. Quizá unas dejó que 5 personas leyeran sus poemas directamente; sin embargo le interesaba una cosa: en una ocasión le mando sus poemas al crítico literario Thomas Wentwoth Higginson diciéndole “¿Sr. Higginson, estará demasiado ocupado para decirme si mi Verso está vivo?”. Sigue leyendo