Respuesta a Daddy

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Lo mejor de comprar libros de segunda mano, al menos para mí, es encontrar anotaciones, subrayados, y orillas dobladas que cuentan la historia de lecturas previas, que nos llevan los ojos a una palabra o unos versos como un amigo que dice, “mira, lee esto” o un maestro que nos explica un fragmento.
Compré hace poco por internet una copia usada de Birthday Letters de Ted Hughes que por alguna extraña razón dejó de editarse y me llegó con anotaciones y hasta un útil clip amarillo. Su lector no solo subrayó sus versos favoritos sino que sabía lo suficiente de Ted Hughes y Sylvia Plath como para hacer unas simples relaciones entre Birthday Letters y Ariel de la Estadounidense. Una de las anotaciones dice simplemente “Respuesta a Daddy”, uno de los poemas más famosos de Ariel y el que originalmente le daba titulo al libro. Me encanta encontrar estas cosas en los libros usados, aunque si soy sincero lo mejor de los libros usados es el precio.

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Drakkar

Yo creo que este es un poema de amor, pero puede ser un poema de lo que sea.

 

Drakkar

 

Pudiste haber dicho que no

y entonces no hubieran zarpado

cuatro  barcos de casco trincado

a saquear y en el camino

descubierto un continente.

 

Hubiéramos quedado más contentos

pero más pobres

y hubiéramos muerto

a los ochenta años de aburrimiento.

Si no hubieras abierto la boca.

Trata de alabar el mundo mutilado

Este poema de Adam Zagajewski, apareció en el New Yorker el 24 de septiembre del 2001 y, según cuenta Mary Oliver, fue compartido entre la gente, de mano en mano, en los días posteriores al ataque a las torres gemelas. Después de lo que parece que ha sido un medio año difícil, me pareció adecuado compartirlo. La traducción es mía.

 

Trata de alabar el mundo mutilado

 

Trata de alabar el mundo mutilado.

recuerda los largos días de junio

y las fresas silvestres, las gotas de vino rosado.

Las ortigas que se desbordan metódicamente

en las casas abandonadas de los exiliados.

Debes alabar al mundo mutilado.

Viste los yates y los barcos modernos

a uno de ellos le esperaba un largo viaje

mientras que el salado olvido esperaba al resto.

Has visto a los refugiados que no van a ninguna parte,

has oído a los verdugos cantar alegremente.

Debes de alabar al mundo mutilado.

Recuerda los momentos en que estuvimos juntos

en una habitación blanca y la cortina revoloteaba.

Regresa en el recuerdo al concierto donde la música estallaba.

Recogiste bellotas en el parque en otoño

y las hojas se arremolinaban en las cicatrices de la tierra.

Alaba el mundo mutilado

y la pluma gris que perdió un zorzal,

y la delicada luz que se desvía y desaparece

y regresa.

Recomendación: Ser Azar

El jueves pasado se presentó en el Centro Xavier Villaurrutia el nuevo libro de poesía de mi querida Julia Santibañez, Ser azar. De regreso a mi casa con 2 mezcales encima, leí un poema, dos, y cuando me di cuenta ya lo había leído completito y quería hacerlo de nuevo. Ser Azar está divido en tres partes: Vida, Amor y Muerte. Elegir estos tres temas para formar un libro y dividirlo de esta manera es como echarse a los leones sin espada. Un acto de absoluta valentía, honestidad o ingenuidad, y cualquiera que conozca a Julia sabe que de lo tercero no se le puede acusar. Ser Azar sale victorioso en este acto de audacia a base de honestidad, que es uno de las mayores virtudes de un poeta, de imágenes precisas, y de humor. Ser azar es un libro igual de generoso que su autora.

Naturalmente mi parte favorita fue la segunda, dedicada al amor; sin embargo en tantos de los poemas encontré lo que tantas veces he querido decir y no he podido ante, precisamente, el amor, la vida y la muerte. Pero ya he dicho más de lo que pretendía, porque nada los convencerá tanto como un poema suyo, dificil de elegir solo uno, así que les dejo este poema de amor sensual, y les recomiendo mucho que lo busquen ya en las librerías.

 

Después de 5 días leyendo las noticias

simon

 

Simon Carley-Pocock

murió esta noche

atravesado por una lanza

durante su viaje a Portugal.

Simon Carley-Pocock

era un contador, que buscaba

aventuras en el mediterráneo.

Vamos a sonreír pues

esta noche

pensando en que las encontró.

Pequeño Padre

Trato de recordar y celebrar a mi papá hoy, me encuentro este poema de Li-Young Lee. Nacido en Indonesia, llegó a los Estados Unidos cuando exiliaron a su padre quien fuera el médico de Mao Tse-tsung. Este poema es para todos aquellos que han perdido a su padre, pero aun lo llevan consigo, la traducción es mía.

 

Pequeño padre

 

Enterré a mi padre

en el cielo.

Desde entonces, los pajaros

lo lavan y lo peinan cada mañana

y le suben la sábana hasta su barbilla

cada noche.

 

Enterré a mi padre bajo tierra.

Desde entonces, mis escaleras

solo bajan,

y toda la tierra se ha vuelto una casa

donde las habitaciones son las horas, y cuyas puertas

se abren cada noche, para recibir

huésped tras huésped.

A veces veo tras de ellos

las mesas puestas para un banquete de bodas.

 

Enterré a mi padre en mi corazón.

Ahora crece en mí, mi hijo extraño,

mi pequeña raíz que no quiere beber leche,

piecito pálido hundido en la noche inaudible,

pequeño resorte de reloj recién mojado

en el fuego, pequeña uva, padre del vino

futuro, un hijo el fruto de su propio hijo,

pequeño padre que secuestro con mi vida.

Ojos inusitados de sulfato de cobre

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Hoy se cumplen 128 años del natalicio de Ramón Lopez Velarde, famosísimo por aquel poema patriotico “La Suave Patria”. Lo primero que me viene a la mente al pensar en Velarde es su poema,  “Y Pensar que pudimos” que es mi favorito suyo y que ya compartí aquí una vez, lo segundo es un verso que me hizo notar la poeta Rocío Gonzalez cuando tuve la suerte de que fuera mi maesta. El verso es ese del título, ojos inusitados de sulfato de cobre, de su poema “No me condenes”, que comparto aquí abajo para que los disfruten. El poema es por demás interesante,  empieza como un sencillísimo poema rural, casi parecen un romance, pero está escrito con una rima y un metro inconstante. La cuarta estrofa es rarísima, tiene solo tres versos, tres esdrújulas que llaman la atención. Por esto no quiero decir nada más que compartir mi sorpresa. Al reeler y leer este poema, que me da un gusto enorme.

 

 

 

Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre:
ojos inusitados de sulfato de cobre.
Llamábase María; vivía en un suburbio,
y no hubo entre nosotros ni sombra ni disturbio.
Acabamos de golpe: su domicilio estaba
contiguo a la estación de los ferrocarriles,
y ¿qué noviazgo puede ser duradero entre
campanadas centrífugas y silbatos febriles?

El reloj de su sala desgajaba las ocho;
era diciembre, y yo departía con ella
bajo la limpidez glacial de cada estrella.
El gendarme, remiso a mi intriga inocente,
hubo de ser, al fin, forzoso confidente.

María se mostraba incrédula y tristona:
yo no tenía traza de una buena persona.
¿Olvidarás acaso, corazón forastero,
el acierto nativo de aquella señorita
que oía y desoía tu pregón embustero?

Su desconfiar ingénito era ratificado
por los perros noctívagos, en cuya algarabía
reforzábase el duro presagio de María.

¡Perdón, María! Novia triste, no me condenes;
cuando oscile el quinqué y se abatan las ocho,
cuando el sillón te mezca, cuando ululen los trenes,
cuando trabes los dedos por detrás de tu nuca,
no me juzgues más pérfido que uno de los silbatos
que turban tu faena y tus recatos.

Diciembre de 1916